NYSF
Llevábamos en Nueva York solo dos noches y Javi ya andaba decorando las paredes. Acababa de despertarse, e incorporarse, y el movimiento de su espalda parecía que hubiera dibujado en aquel muro la dirección camino a la ducha.
Solo hay que mirar, las fotos se pintan solas. Como cuando las sombras -o los adolescentes- se persiguen a gritos por las esquinas llamando la atención para que los retrates
Yo quería tomar fotos francas, directas. Que no tuvieran distracciones de lo que era, de verdad, relevante. Relevante como son las papeleras o los rayos de luz que pintan las paredes. Disparar por el gusto de hacerlo. Yo quería jugar con las formas y con lo que era cómodo o incomodísimo. Con lo que era evidente y lo que era una super sorpresa.
Aquel día la luz era otra cosa. Era esa luz que viene a destrozarte los ojos. A recordarte que no se puede mirar al Sol directamente, que es una falta de respeto y por eso duele. Aquel día la luz era esa que encuentra los blancos y los hace armas de destrucción masiva.
Viajando así -sin parar apenas- vives en esa extrañeza que da no tener ninguna familiaridad con los sitios. Ni siquiera esa familiaridad que da a los turistas haber paseado una calle dos veces. «Por aquí ya pasé». No, ni esa. Nosotros vivimos durante un mes casi sin reconocer nuestra sombra.
Disparar crudo. Disparar a lo crudo. Gonzalo vestía a veces una camiseta que decía «I shoot RAW» y parece que podía malinterpretarse. A mí me hacía mucha gracia y algunas fotos me recuerdan aquello.
Año
2015
Lugar
Estados Unidos







































