NYSF

1_ Aterrizar en Nueva York por primera vez y pisar Times Square fue una experiencia. Recuerdo estar cansado, la cantidad de gente, las luces, el ruido… En mi memoria pareciera que entre todos en aquella plaza me llevaban en volandas, haciendo círculos, sin poder yo bajarme del carro. Y las fotos de entonces, movidas, ayudan a exagerar el recuerdo de un caos que, probablemente, no fuera para tanto. 

2_ Llevábamos en Nueva York solo dos noches y Javi ya andaba decorando las paredes. Acababa de despertarse, e incorporarse, y el movimiento de su espalda parecía que hubiera dibujado en aquel muro la dirección camino a la ducha.

3_ Solo hay que mirar, las fotos se pintan solas. Como cuando las sombras -o los adolescentes- se persiguen a gritos por las esquinas llamando la atención para que los retrates

4_ “Police silhouette target”, decía el poster. “5X” en el pecho. 

5_ Yo quería tomar fotos francas, directas. Que no tuvieran distracciones de lo que era, de verdad, relevante. Relevante como son las papeleras o los rayos de luz que pintan las paredes. Disparar por el gusto de hacerlo. Yo quería jugar con las formas y con lo que era cómodo o incomodísimo. Con lo que era evidente y lo que era una super sorpresa.     

6_ En “la sociedad del espectáculo” todos saben su papel. Policías, oradores, porteros de discoteca, bailarinas, boxeadores… Ninguno me negó una sonrisa ni una pose (que a veces no pedí). Aquellos entrenaban en el barrio financiero de Nueva York, en un enorme gimnasio a pie de calle, sin paredes. Era más entretenido que el béisbol. Cuando le pedí la foto a uno se unió el otro corriendo. No estaba cerca pero estaba atento.

7_ Las líneas de metro ganan mucho cuando van en alto. Pensaba en eso y en la cantidad de coches que íbamos a adelantar en los 22 días que seguían.

8_ Hay un sitio maravilloso, allí donde yo nací, en el que puedes hacer fotos que recuerdan a algunas de estas. Eso lo pienso ahora, en aquel momento solo podía pensar en cuadrar verticales en el centro de la imagen. Una vez me dijeron que todo lo comparo con el sitio aquel donde nací y a mí me parece que eso es sano y natural. Como el arroz. 

9_ Aquel día la luz era otra cosa. Era esa luz que viene a destrozarte los ojos. A recordarte que no se puede mirar al Sol directamente, que es una falta de respeto y por eso duele. Aquel día la luz era esa que encuentra los blancos y los hace armas de destrucción masiva.  

10_ El “big data” no está todavía en esos detalles ni tiene forma de medirlos. Pero estoy seguro de que aquel día esa fue la espalda anónima más retratada en todas las líneas de metro de Nueva York . Si no le hice 15 fotos no le hice ninguna. Aposté a que se escuchaba música rap en esos auriculares porque, prejuzgando, era poco probable. Como cuando uno apuesta en la quiniela que ganan todos los equipos malos, por si dan el campanazo y te hacen rico. Pues igual. No sé donde íbamos en aquel momento, pero no fue en ese trayecto de metro en el que me perdí.

11_ Ese día me arrepentí de no montarme en la montaña rusa de Coney Island. Decidí quedarme por ahí haciendo fotos. Rodeando una zona que, por cierto, también era rusa. Allí imaginaba yo a mafiosos derramar vodka en locales con letreros en cirílico. Mafiosos rusos del Atlántico. 

12_ En un partido de béisbol en Nueva York hay más oferta gastronómica que en un centro comercial en España. También hay todo tipo de tiendas de merchandising, actuaciones en directo antes del partido, saque inaugural, acto de himno y bandera con algún veterano de guerra, proyecciones con estadísticas de la liga, juegos interactivos con el público y cerveza, toda la que quieras. Cuando llevas dos horas allí e intentas entender el deporte, y luego intentas divertirte con él, toda oferta lúdica alrededor te parece poca.

13_ Elvis dijo en Las Vegas que allí se habían casado Alaska y Mario. Elvis cantó. Recuerdo haber viajado en un coche pequeño con 7 personas más, una de ellas en el maletero. El conductor usaba el móvil y miraba hacia atrás, hacia nosotros, con esa naturalidad y despreocupación con que un crío mira atrás desde su asiento en el autocar. Nos dedicaba tiempo porque no era necesario mirar la carretera. Estábamos en una autovía de 4 carriles y el único que estaba tranquilo allí era el del maletero. Claro.  

14_ A ratos me obsesionaron los volantes y otras tantas cosas. ¿Se puedo uno obsesionar “a ratos”? ¿Cuánto tiempo necesita estar una idea fija en la cabeza para que podamos decir “obsesión”? Igual solo me interesaron los volantes, a ratos. Hice algunas fotos de volantes. Entre otras tantas cosas.

15_ Y me parecía a mí antes de haber ido -así sin pensarlo- que uno podía bajar de un paseo hasta los pies del Gran Cañón. No puede. Y quiero acordarme del animal que vimos a la salida del parque y tampoco puedo.

16_ Poco antes o poco después empezaron a verse rayos a lo lejos. Acabábamos de salir de un parque nacional y teníamos que hacer muchos kilómetros. Caía la noche y solo hacía falta cerveza, paciencia y aguante de los que condujeran. Conseguimos la cerveza y el aguante. Faltó paciencia a algunos que querían orinar y aquello todavía es una anécdota.

17_ Paramos en un bar de carretera que se llamaba “Mike’s Route 66 Outpost & Saloon”. Estaba cerca de Kingman, en Arizona. El sitio era particular. Turístico. Digno de ver en todo caso. Recuerdo hablar en la barra con un matrimonio de la zona. Recuerdo unas casas justo detrás. El calor infernal. Recuerdo un patio interior en el bar y a Javi sentado con el cenicero de la foto delante. Recuerdo pensar entonces que no me hubiera cambiado por los vecinos de aquellas casas por nada del mundo. 

18_ Viajando así -sin parar apenas- vives en esa extrañeza que da no tener ninguna familiaridad con los sitios. Ni siquiera esa familiaridad que da a los turistas haber paseado una calle dos veces. “Por aquí ya pasé”. No, ni esa. Nosotros vivimos durante un mes casi sin reconocer nuestra sombra.

19_ Durante el viaje hablamos poco con los estadounidenses. En un viaje con 7 personas y parando en los sitios pocas horas, ¿con quién ibas a hablar fuera del grupo? Una vez, en la puerta de una licorería en Amarillo (Texas), un tipo se bajó bebido de su coche y se fue directamente a mí. 

– ¿De dónde venís? 

– De España

– Bien. Cuando volváis decid allí que Texas es lo mejor del mundo. “We have girls, sun and guns” 

Sonrió y “me apuntó” con la mano.

20_ Disparar crudo. Disparar a lo crudo. Gonzalo vestía a veces una camiseta que decía “I shoot RAW” y parece que podía malinterpretarse. A mí me hacía mucha gracia y algunas fotos me recuerdan aquello.

21_ Dormíamos en un albergue en un parque enorme y elevado a los pies de la bahía de San Francisco y en frente de la isla de Alcatraz. En un paseo largo llegábamos al Golden Gate. Aquella tarde alquilamos unas bicicletas y yo me perdí y me quedé solo más de dos horas porque me paré a hacer una foto y luego otras. Esa noche algunos fuimos al bar y a la librería donde se juntaba la generación beat y allí pareció que “todas las cosas de la vida, todas las caras de la vida se amontonaron en la misma húmeda habitación”; todas esperándonos después de unos pocos miles de kilómetros en carretera. La sensación, en lo hondo y a pesar del viaje, era de tristeza absoluta.

22_ Una de las cosas más alucinantes que descubre uno en carretera en EEUU es que “todo el mundo” utiliza el móvil mientras conduce. Es práctica nacional. Leían el periódico, miraban el feed de Facebook o hablaban por Whatsapp. Lo constatamos durante 20 y tantos días. Quiero pensar que los camioneros no lo hacían, pero la altura del coche no nos daba para verlo. Es que los camioneros eran muchos y bien armados. En esas carreteras (las menos transitadas) también se entera uno de que hay algo así como un programa para “bautizarlas”: tú pagas el arreglo de la misma y te ponen una señal con tu homenaje a quién sea.

23_ Julián colgó ese mapa en la ventanilla al poco de salir. Recuerdo el mapa en ese momento. Y lo recuerdo porque veo esta foto. La verdad, no sé si estuvo siempre, ni por cuanto tiempo, ni el uso que le dio Julián. Pero Julián no es el de la foto. El de la foto es Jose. Y ni a uno ni a otro los llamo Jose ni Julián. En ese coche, por lo general, se miraba el paisaje, se roncaba, se leían comics, se escribía, se hacían fotos y se bebía.   

24_ Ese momento de subirme a la silla en mitad del restaurante y disparar la foto con flashazo. Ese era uno de los que más disfruté durante el viaje. Alrededor debieron pensar siempre que no era necesario, que había otras formas. “Señores, esto es una cuestión de costumbres”.

25_ Aquello era Chilhowie. Solo paramos a dormir en nuestro camino de Washington a Nashville. La casa era una de esas de película con la bandera ondeando en el porche, un garage enorme, varias plantas y una disposición que conocíamos como si la hubiéramos estudiado antes. Nos peleamos por no dormir en la habitación de los peluches siniestros, cocinamos spaguettis y bebimos cerveza en la hamaca de la entrada.

26_ Esa noche y esa mañana nos llovió. Raro. Solo recuerdo esa vez y una tormenta en carretera en todo el mes de ruta. En el pueblo donde hice aquella foto no se movió nada. Eso sí, estaba todo nuestro imaginario colectivo sobre EEUU concentrado en 4 calles, en forma de buzones, señales, coches antiguos, casas y banderas.

27_ Este era el portero del mejor sitio de pollo frito de Nashville. Fuimos a cenar allí a las tantas de la mañana. Toda la noche abierto. De los 5 niveles de picante que tenían para el pollo elegimos el más suave. Nos ardió la boca igual. Los que despachaban estaban detrás de unas barras de acero a modo de protección; este otro tío, armado en la puerta. Los que comíamos, claro, a nuestra suerte en las mesas sentados. Cuando salí le pedí una foto del arma en el pantalón. Me preguntó que interés tenía; cuando le expliqué que en mi país no se podían portar armas libremente se quedó bastante alucinado. Este señor era enorme y tenía voz de pito, me recordaba al Michael Jackson de aquel capítulo de los Simpsons. “Lisa hoy es tu cumple”. Después de hacer la foto de la pistola en sus vaqueros me dijo: “Espera, hazme otra foto”. Sacó el arma del estuche, se la puso en el pecho y se echó el pitillo al centro de la boca.