NY17

La segunda vez que fui a Nueva York empecé a deshilar lo que había comenzado a coser allí un año y medio antes. Así, mirando a cualquier cosa, en una y en otra ocasión, construía y destruía. Reía y lloraba. Proyectaba para bien y para mal. Como extremos que se tocan y así se encuentran, a mí todo me importaba una mierda las dos veces: en la euforia absoluta y en la peor de las tristezas.